Guerras furtivas entre mentes dominadas,
inconquistable es su dolor pues a invadir van,
el triste invasor no soporta su cruz,
los hombros le tiemblan y le dicen que ceda.
La codicia del que no tiene esperanza en otro deposita,
marchita queda la flor, impune su dolor.
En el prado las bolas de cañón rodaron
y apenas a un conde mataron.
En el prado las bolas de cañón rodaron
y apenas a un conde mataron.
Ella tiene que seguir, a duras penas el malherir,
valiente cual corcel de un caballero
la guerra perdió el primero.
El perder fue su afán, dios en una muerte de libertad.