El corazón late sin vida,
unos ojos con mirada perdida,
el muerto al vivo no lastima.
Una mano acaricia mi herida,
con una intención lasciva,
hasta meter el dedo en la llaga,
no hay dolor sin saliva.
Porque las palabras cortan,
porque los actos queman
y los errores castigan.
Que no sea tarde el día
que no se cumpla la profecía.